Apóstol Victor Archila - Iglesia de Cristo Hosanna, Dallas TX

 

EL AMOR Y LA LIBERTAD

 

 

Los valores de la generación a la que pertenecemos están fundamentados en el sistema que nos rodea. Hoy la palabra libertad para la gran mayoría es sinónimo de hacer lo que quieran, es sinónimo de moverse sin ningún tipo de limitaciones. Hoy las personas no reconocen sus límites y creen que pueden ser irresponsables a sus acciones o palabras sin recibir las retribuciones por quebrantar los principios divinos. Nuestra generación se parece a aquel joven que estaba jugando y bailando en la calle. “Era un jovencito que no le importaba quien estuviera frente a él, todas las personas debían de quitarse porque él estaba jugando. En uno de sus movimientos golpeó a un anciano, él cual le dijo ten cuidado, me estas golpeando. A lo que el joven respondió, estoy en la calle y soy libre, sí le dijo el anciano. Pero tu libertad termina donde comienza la mía. Una verdad basada en un principio divino fue lo que aquel anciano le enseñó al joven. Es obvio que ha éste joven no le habían enseñado que uno de nosotros tenemos un área de acción, tenemos límites y debemos respetarlos. Al aplicar este principio en el matrimonio, podríamos decir: Mi libertad termina, donde comienza la de mi cónyuge. Hay una diferencia entre vivir con libertad y vivir en libertinaje. Una pareja debe vivir bajo el principio divino de la libertad, y para manejar correctamente ese principio debe hacer un pacto con el compromiso.

 

Pero el que presta atención a la perfecta ley de la libertad y que persevera en ella, sin ser oidor olvidadizo sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace. Santiago 1:25

 

EL AMOR Y LA LIBERTAD

           

Santiago nos da un panorama del área de acción de la libertad. Pero antes de analizar el amor y la libertad a la luz de la palabra, quiero que ahondemos sobre el patrón de muchos matrimonios hoy en día. En un porcentaje muy alto las parejas han caído en una trampa de poder. En la mayoría de casos tanto el esposo como la esposa toman control de la libertad de sus cónyuges. Esta es una enfermedad determinada por doctrinas de hombres y de demonios. El pacto matrimonial no es sinónimo de perder la identidad y la libertad. El hombre o la mujer cuando llegan al matrimonio tienen la tendencia a querer controlar a su compañero, se auxilian de diferentes estrategias para lograr su objetivo, el control total de su pareja. Hay pleitos, manipulación, abusos verbales, alejamientos, etcétera. Todo con el propósito de tomar el control de su cónyuge. En las parejas cristianas también pasa esto, con la diferencia que se cambia el patrón, cambian de herramienta para anular la identidad de su compañero. Utilizan la Biblia para poder controlar. Si es el varón, es el que está tratando de tomar control sobre su esposa, le recita el famoso verso que dice: mujeres estas sujetas a vuestros maridos. 1ª. Pedro 3:1. Mientras que si es la mujer la que está tratando de tomar control sobre su esposo le dice: Si no me tratas bien, tus oraciones va han ser estorbadas. Y realmente así dice la Biblia.

 

Vosotros, maridos, de la misma manera vivid con ellas con comprensión, dando honor a la mujer como a vaso más frágil y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no sean estorbadas. 1ª. Pedro 3:7

           

Esta actitud daña la relación de pareja. El amor necesita de la libertad para crecer, sin libertad el amor se empieza a secar y a debilitar. Este un principio que quiero dejar muy claro, el amor no existe sin libertad y no sobrevive sin ella. Dios amaba a Adán en el huerto y pudo haber impedido que el comiera del árbol del bien y del mal, pero no lo hizo, lo dejó que avanzara y desobedeciera. En otras palabras no le veto su libertad. Esta es una enseñanza monumental del amor bajo el principio de libertad. Esto me recuerda aquella pareja, a la que llamaré Gabriel y Marta. Ella trataba por todos los medios de controlar a Gabriel, y esto provocaba que estuvieran peleando constantemente. Marta quería tomar control de la libertad de Gabriel. Un día ella cansada de ver que su esposo no se dejaba le dijo: Te debería de dar vergüenza que se llevan mejor nuestro perro y nuestro gato que nosotros, a lo que Gabriel contestó, trata de mantenerlos unidos  amarrándolos con un cordón y verás lo que pasa. El mensaje de Gabriel era muy claro, “quieres tomar control de mi identidad y de mi libertad, quieres que yo haga lo que tú haces, quieres que piense como tú” Es aquí donde comienza la raíz de nuestros problemas.

Este ejemplo nos ilustra el tremendo daño que produce el tratar de anular la identidad de nuestro cónyuge. El amor se verá dañado por esa conducta tan enfermiza. Puede que ha estas alturas algunos estén pensando, todo aquel que se casó no puede  seguir viviendo como soltero, y estoy de acuerdo. Pero esto no es igual a perder la libertad. Ahora bien todos nosotros ya sea que estemos casados o solteros, debemos aprender que la libertad tiene un área de acción, y cuando nos salimos de ella, entonces entramos a la tierra del libertinaje, del desorden. En Santiago 2:25 dice, que la libertad esta determinada por una ley perfecta. Por lo tanto la libertad no es igual a vivir una vida sin limites, o desordenada, o hacer lo que queramos no importando a quien dañemos. La libertad se desarrolla dentro del principio bíblico de responsabilidad. Resumamos este primer punto diciendo, que el área de acción donde el amor puede crecer saludablemente es la libertad y esta, está determinada por los principios y fundamentos bíblicos que hay en nosotros.

 

LA LIBERTAD

 

El amor no puede existir sin libertad, y la libertad no puede existir sin responsabilidad. Uno de los mayores regalos que Dios nos ha dado es la libertad, Él no formó una humanidad que estuviera gobernada por el temor o estuviera robotizada. Por el contrario, creó una humanidad bajo el principio de libertad. La libertad que Dios nos ha dado es el mayor atributo a su poder.

 

En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor. Porque el temor conlleva castigo, y el que teme no ha sido perfeccionado en el amor. 1 Juan 4:18

 

Es importante entender que no se puede desatar todo el potencial del amor, donde no hay libertad, porque la libertad es la plataforma para que el amor sea ministrado correctamente. El verdadero amor nos hace sentirnos libres, el amor enfermizo manipula, controla, se enseñorea, anula la identidad de la otra persona, mientras que el verdadero amor permite al cónyuge moverse en su círculo del yo. Vivir con libertad es igual a dejar que otros vivan en libertad. Jesús nos amó y al amarnos nos hizo libres. El verdadero amor lleva a una persona a ser libre, a poderse expresar sin ningún temor. Pero la libertad debe de estar medida por la responsabilidad. Ser libre no es igual a hacer lo que uno quiera, actuar irresponsablemente o vivir sin reconocer limites o fronteras. No confundamos libertad con libertinaje. La verdadera libertad que se da a través del amor, es aquella que podemos disfrutar bajo el principio de responsabilidad. Ser libre no es igual a no tener límites o fronteras. Mi libertad termina donde comienza la de mi esposa.

Eva en el jardín del Edén era amada por Dios y por su esposo. Ellos vivieron en el Edén muchos años bajo el principio de libertad. Su amor era maravilloso porque tenían libertad y responsabilidad. Un día Eva fue engañada, le fueron presentados otros valores y ella lo adoptó. Eva dejó a un lado el principio de la responsabilidad y su libertad se convirtió en libertinaje. Los resultados fueron desastrosos. Ella invadió un área de acción que no le correspondía, invadió un territorio ajeno. Al principio a Eva le pareció fabuloso involucró a Adán. Como a todos nos ha pasado, cuando damos los primeros pasos en el libertinaje nos parece que todo está bien, hasta que nos estrellamos. Eva y Adán aprendieron la lección, no hay libertad sin responsabilidad.

 

LA RESPONSABILIDAD

 

La responsabilidad es la capacidad u obligación de responder de los actos propios, y en algunos casos de los ajenos. Es responder adecuadamente ante nuestras acciones. Es muy simple darnos cuenta que tan desarrollado está nuestro sentido de la responsabilidad. Cada palabra que sale de nuestra boca y cada acción que tenemos debemos hacernos responsables de ellas. Pero muchas veces no nos hacemos responsables de las palabras que salen de nuestros labios. ¿Por qué? Bueno porque nos hemos aprendido a crecer en la responsabilidad. Muchos de los problemas en las parejas son causados porque el cónyuge dijo algunas palabras que ofendieron al otro. Normalmente el ofensor cuando le reclaman  dice “yo no dije eso”, y deja a su cónyuge con ese trago amargo. Demostrando así la irresponsabilidad que tenemos aun al hablar. Yo diría que la mayoría de las personas, no se hacen responsables de las palabras que salen de su boca. Si queremos agradar a Dios y construir una relación saludable con nuestro cónyuge, debemos de hacer un compromiso con la responsabilidad. Cuando vivimos en libertad, tenemos la capacidad de elegir en todos los aspectos de la vida. Adán vivió en el Edén bajo el principio de libertad y responsabilidad, pero cuando perdió el sentido de la responsabilidad y empezó a vivir en libertinaje, desobedeció y Dios lo confrontó. La actitud de Adán fue equivocada, echarle la culpa a su esposa y no se hizo responsable de sus acciones, buscó un culpable. También Eva era libre pero su libertad terminaba donde comenzaba el área del árbol del bien y del mal. La única manera en que ella podía abstenerse de ingresar a un lugar donde nadie la iba a detener, era vivir con el principio de libertad bajo responsabilidad. Eva decidió vivir su libertad sin responsabilidad, ese fue el inicio de su fracaso, ya no se hizo cargo de sus acciones. Cuando Dios la confrontó ella nunca se hizo responsable de sus hechos. Es decir, no vivía con responsabilidad. El amor sin libertad se convierte en un amor enfermizo, y la libertad sin la responsabilidad nos lleva a vivir una vida desordenada. Es vital aprender este principio.  El amor no puede existir sin libertad y la libertad no puede existir sin responsabilidad. Jesús dijo: Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Juan 14:15. Este es amor con libertad y responsabilidad. El que ama es libre pero tiene la responsabilidad de guardar los mandamientos. A nadie se le impone nada, nos es por amenazas, ni por temor o manipulación. Es el amor que esta sostenido por dos columnas, la libertad y la responsabilidad.

 

CONCLUSIONES

 

1.      El amor y la libertad deben de habitar en armonía, en unidad. El amor necesita de la libertad para vivir saludablemente, sin libertad el amor empieza a agonizar.

2.      El amor no puede existir sin libertad y la libertad no puede existir sin la responsabilidad. Son indivisibles, ni la libertad sin responsabilidad, ni la responsabilidad sin libertad.

3.      La libertad permite que el amor se desarrolle sin ningún tipo de limitaciones. Y la responsabilidad nos muestra cuáles son nuestros límites en la libertad.